jueves, 28 de enero de 2021

UNA AVENTURA EN OTRO MUNDO


En el año 3000, cinco niños (Alba, Irene, Mateo, Natalia y Pedro) se prepararon para ir al espacio. Se pusieron los trajes Tek (Súper velocidad, súper salto, magnetización, oxígeno infinito y vuelan durante cinco horas). Cuando se pusieron los trajes Tek, estaban en la casa de Natalia. Salieron al jardín y despegaron. Durante las cinco horas que duró el viaje no pasó nada excitante. Todos estaban muy relajados. Se sentían libres y muy pequeños con la inmensidad del espacio. Cuando llegaron a luna, pusieron una bandera en memoria del gran logro que hicieron. Se dividieron para explorar la luna.

-          ¡Chicos, he encontrado algo! – Gritó Irene con todas sus fuerzas - ¡Venid!

Cuando llegaron allí, había un agujero de gusano. Mateo se tiró por él y todos le siguieron.

-          ¡Mateo, espera...! – Gritó Alba.

Cuando salieron del agujero de gusano, se encontraron un mundo diferente.

Había cinco soles, cielo violeta, agua verde. La tierra era azul. Extraños animales marinos volaban por el cielo y los pájaros nadaban por el agua.

Una ballena y una tortuga descendieron a su encuentro. Pedro acarició sin titubear a la primera y Alba hizo lo mismo con la segunda. Los chicos se subieron a la ballena y se fueron a explorar el mundo aquel. Las chicas se subieron a la tortuga e hicieron lo mismo. Al rato, Natalia descubrió una cosa interesante.

-          ¡Chicos!, ¿Qué es eso? – Preguntó Natalia.

-          ¿El qué? – Preguntó Mateo.

-          ¡Eso de abajo! – Contestó Irene.

Descendieron hasta el suelo y se bajaron de los “transportes animales.” Alba se desmayó, y tenía derecho a hacerlo. ¡Estaban frente a unos seres extravagantes! Tenían cuatro ojos, cuatro piernas, dos corazones y tres pelos en la tripa. Pedro socorrió a Alba y se acercaron a esos alienígenas con miedo.

-          Glog, olog… - Dijo uno de los aliens.

-          ¿Qué? – Dijo Pedro

-          Gungara – Dijo Natalia, pero… dio la casualidad de que era un insulto.

En un abrir y cerrar de ojos se pusieron a atacarlos, pero en ese preciso instante Irene los tranquilizó.

-          ¡Gleniara seglara! – Gritó

Que por casualidad Irene sabía decir esa palabra.

-          ¡Oh! ¿vosotros hablar espanol?

-          Si, nosotros hablamos espanol – dijo Mateo.

Se hizo de noche, así que todos se alojaron en la casa del alienígena jefe. Se instalaron en la cuarta habitación del sexto piso, había literas. A media noche ¡Se despertaron! ¿Seguían vivos...?

Habían tenido un sueño compartido. Se miraron extrañados. ¡Las aventuras no habían acabado!

Mateo – Alba S. – Natalia – Irene - Pedro




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