En el año 3000, cinco niños (Alba, Irene, Mateo, Natalia y
Pedro) se prepararon para ir al espacio. Se pusieron los trajes Tek (Súper
velocidad, súper salto, magnetización, oxígeno infinito y vuelan durante cinco
horas). Cuando se pusieron los trajes Tek, estaban en la casa de Natalia.
Salieron al jardín y despegaron. Durante las cinco horas que duró el viaje no
pasó nada excitante. Todos estaban muy relajados. Se sentían libres y muy
pequeños con la inmensidad del espacio. Cuando llegaron a luna, pusieron una
bandera en memoria del gran logro que hicieron. Se dividieron para explorar la
luna.
-
¡Chicos,
he encontrado algo! – Gritó Irene con todas sus fuerzas - ¡Venid!
Cuando llegaron allí, había un agujero de gusano. Mateo se
tiró por él y todos le siguieron.
-
¡Mateo,
espera...! – Gritó Alba.
Cuando salieron del agujero de gusano, se encontraron un
mundo diferente.
Había cinco soles, cielo violeta, agua verde. La tierra era
azul. Extraños animales marinos volaban por el cielo y los pájaros nadaban por
el agua.
Una ballena y una tortuga descendieron a su encuentro. Pedro
acarició sin titubear a la primera y Alba hizo lo mismo con la segunda. Los
chicos se subieron a la ballena y se fueron a explorar el mundo aquel. Las chicas
se subieron a la tortuga e hicieron lo mismo. Al rato, Natalia descubrió una
cosa interesante.
-
¡Chicos!,
¿Qué es eso? – Preguntó Natalia.
-
¿El
qué? – Preguntó Mateo.
-
¡Eso
de abajo! – Contestó Irene.
Descendieron hasta el suelo y se bajaron de los “transportes
animales.” Alba se desmayó, y tenía derecho a hacerlo. ¡Estaban frente a unos
seres extravagantes! Tenían cuatro ojos, cuatro piernas, dos corazones y tres
pelos en la tripa. Pedro socorrió a Alba y se acercaron a esos alienígenas con
miedo.
-
Glog,
olog… - Dijo uno de los aliens.
-
¿Qué?
– Dijo Pedro
-
Gungara
– Dijo Natalia, pero… dio la casualidad de que era un insulto.
En un abrir y cerrar de ojos se pusieron a atacarlos, pero en
ese preciso instante Irene los tranquilizó.
-
¡Gleniara
seglara! – Gritó
Que por casualidad Irene sabía decir esa palabra.
-
¡Oh!
¿vosotros hablar espanol?
-
Si,
nosotros hablamos espanol – dijo Mateo.
Se hizo de noche, así que todos se alojaron en la casa del
alienígena jefe. Se instalaron en la cuarta habitación del sexto piso, había
literas. A media noche ¡Se despertaron! ¿Seguían vivos...?
Habían tenido un sueño compartido. Se miraron extrañados.
¡Las aventuras no habían acabado!
Mateo – Alba S. – Natalia – Irene -
Pedro

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